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En
una instalación nuclear como Santa María de
Garoña, además de los vertidos, también
se controla la presencia de contaminantes en el medio ambiente.
Esto se realiza a través del Plan
de Vigilancia Radiológica Ambiental (PVRA),
y consiste en un conjunto de toma de muestras y medidas de
radiación y radiactividad en productos naturales: agua,
aire, suelos y alimentos, todos ellos de la zona, y en unas
medidas de radiación directa del aire en un buen número
de estaciones de medida alrededor de la central.
Los resultados
obtenidos permiten calcular la dosis radiológica total
que llega a las personas. Para avalar el respeto al medio
ambiente en su operación, Santa María de Garoña
cuenta con los resultados de alrededor de 2.000 medidas y
análisis directos anuales realizados desde el comienzo
de la operación de la central, que indican que la actividad
de la planta no tiene incidencias en el entorno.
Además, este control medioambiental
desarrollado por Nuclenor es posteriormente contrastado por
un laboratorio especializado e independiente y por el propio
Consejo de Seguridad Nuclear,
que establece tomas de muestras paralelas que también
determinan la calidad medioambiental de nuestra instalación.
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