Impacto  
 
 
 
     
 
    Uno de los aspectos que más frecuentemente se critica del funcionamiento de las centrales nucleares es su impacto radiológico en el entorno. En el caso de Santa María de Garoña su impacto es 10.000 veces menor que los límites que autoriza la normativa vigente; en general los vertidos de las centrales nucleares al exterior pueden calificarse como mínimos y provienen, en forma gaseosa, de la chimenea de la central, por la que se expulsan grandes caudales de aire con pequeñas cantidades de radiactividad.
 
     
 
Entorno Radiológico en
Sta. María de Garoña
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    Por otro lado, los vertidos en forma líquida se realizan de manera controlada a través del canal de descarga. Es lo que se conoce como efluentes gaseosos y líquidos respectivamente.

    La incidencia de estos vertidos sobre el medio ambiente es apenas perceptible y, de hecho, ciudades españolas tan distantes y diferentes entre sí como Huelva, Sevilla, Santander, Badajoz, San Sebastián o Murcia, por poner algún ejemplo, soportan dosis de radiación natural superiores a las tasas de la zona más próxima a la central de Garoña.

    De hecho, los efluentes líquidos y gaseosos que genera el funcionamiento ordinario de la central representan menos del 0,09% de la tasa de dosis anual, establecida por la legislación vigente, que para Santa María de Garoña es de 100 µSv. Sin embargo, aunque estos vertidos tengan una incidencia mínima en el medio ambiente, deben ser regulados y controlados. Para ello se aplica una normativa internacional muy exigente que determina los límites y controla de forma rigurosa la emisión de vertidos líquidos y gaseosos de todas las centrales nucleares del mundo.


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