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La
energía nuclear es una fuente energética que
garantiza el abastecimiento eléctrico, frena las emisiones
contaminantes, reduce la dependencia energética exterior
y produce electricidad de forma constante con precios estables
y predecibles. Así lo entienden cada vez más
gobiernos de distintos signos que apuestan por el mantenimiento
de las centrales nucleares en sus países y la construcción
de nuevas plantas.
Los
436 reactores en operación producen el 17% de la
electricidad mundial. A principios de 2009, 44 unidades
más se encuentran en construcción en países
como China, India, Bulgaria, Japón, Rusia, Corea
del Sur, Finlandia o Francia. Todos ellos, conscientes de
los problemas energéticos, medioambientales y ahora
económicos construyen nuevas plantas nucleares porque
consideran que la energía nuclear es una fuente esencial
para el presente y futuro de sus países. A estos
reactores en operación y construcción se sumarán
las centrales ya planificadas, que ascienden a 200, destacando
el programa 2010 del Departamento de Energía de Estados
Unidos (DOE), donde en la actualidad hay unas 30 solicitudes
en proceso de autorización.
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La
apuesta nuclear es, sin duda, generalizada. A los países
emergentes, que tienen que satisfacer la creciente demanda
de electricidad, se unen otros como Francia, el país
de la Unión Europa más partidario de esta fuente
de energía y donde el 78% de su electricidad es de
origen nuclear. El país galo construye un reactor nuclear
de nueva generación (EPR) y acaba de anunciar la intención
de comenzar la construcción de uno nuevo en 2012. En
Finlandia, el 30% de la electricidad proviene de los cuatro
reactores que tiene en operación. Actualmente construye
una nueva unidad y ya hay estudios que plantean la necesidad
de una sexta. Por su parte, Reino Unido, que cuenta con 19
reactores que producen alrededor de una quinta parte de la
electricidad, decidió en enero del pasado año
dar luz verde a la construcción de nuevas centrales
nucleares con dos objetivos básicos: frenar las emisiones
contaminantes y reducir la dependencia exterior.
Más recientemente,
y debido a la última crisis entre Rusia y Ucrania,
que dejó sin gas a varios países europeos, se
ha vuelto a poner sobre la mesa la preocupante dependencia
energética de Europa y la necesidad de diversificar
las fuentes de energía, contemplando la energía
nuclear como alternativa. Titulares como “Las nucleares
salvan a Francia” o “Bulgaria se une a Lituania
en su reivindicación de la energía nuclear”
han estado presentes en los medios de comunicación
a comienzos de este año y han recordado la contribución
de las centrales nucleares a disminuir la dependencia exterior
y a garantizar el suministro eléctrico.
Italia y Polonia,
que no tienen centrales nucleares plantearon, especialmente
a finales del pasado año, la necesidad de la energía
nuclear motivada por los altos precios de la electricidad,
en el caso de Italia, y la excesiva dependencia del carbón,
en Polonia. Así, Italia firmó a finales de febrero
de 2009 un acuerdo con Francia para la construcción
de reactores nucleares en los próximos años.
Por su parte, Suecia, donde casi el 50% de su electricidad
es de origen nuclear ha acordado eliminar la prohibición
de construir nuevos reactores nucleares acordada por referéndum
en 1980.
En la actualidad,
cada vez se alzan más voces a favor de la energía
nuclear. La amenaza del calentamiento global y del cambio
climático, unido al incremento de la demanda de electricidad
y del precio de los productos petrolíferos, ha motivado
que distintos responsables políticos consideren fundamental
apostar por la continuidad de la energía nuclear, por
el aumento de potencia de sus centrales e incluso por la construcción
de nuevas plantas.
Los programas
nucleares de los diferentes países, así como
todas las instalaciones nucleares, se encuentran bajo la supervisión
y control del Organismo Internacional de Energía Atómica
con sede en Viena ( www.iaea.org ).
Breve historia nuclear
En la segunda mitad de la década
de los sesenta, Estados Unidos lanzó el primer programa
nuclear destinado a la generación de electricidad.
Aunque cuatro años antes, el Reino Unido inauguró
Calder Hall, la primera central nuclear del mundo. Poco después,
otros países industrializados siguieron el ejemplo
llevando a cabo sus propios programas de construcción
y explotación de centrales nucleares. La estabilidad
económica, el fuerte crecimiento de la demanda eléctrica
y sus prometedoras expectativas económicas fueron el
motor del desarrollo de esta fuente energética.
A principios de los
años setenta la crisis energética del petróleo
proporcionó el impulso definitivo a la energía
nuclear dentro de los planes energéticos de muchos
países industrializados como Alemania, Canadá,
Italia y Japón. Destaca la fuerte apuesta por el desarrollo
de la energía nuclear que realizó Francia, abandonando
los reactores de grafito-gas por la tecnología americana
de agua a presión. A su vez, otros países como
Méjico, Brasil, Taiwan y Corea se prepararon para iniciar
sus programas nucleares.
No obstante, en la
segunda mitad de la década de los setenta, hubo una
crisis económica que estabilizó la demanda eléctrica.
Los costes de inversión de las centrales nucleares
en construcción se dispararon y comenzó a surgir
el movimiento antinuclear con impacto en la opinión
pública. La combinación de estos factores condicionó
una fuerte desaceleración de los programas nucleares,
sobre todo en los países donde esta fuente de energía
estaba más desarrollada.
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