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La
energía nuclear es una fuente energética
que garantiza el abastecimiento eléctrico, frena las emisiones
contaminantes, reduce la dependencia energética exterior y produce
electricidad de forma constante con precios estables y predecibles. Así
lo entienden cada vez más gobiernos de distintos signos que apuestan
por el mantenimiento de las centrales nucleares en sus países y la
construcción de nuevas plantas.
En el mundo hay
443 centrales en funcionamiento en 31 países y otros 64 nuevos
reactores se encuentran en construcción en 15 países, según datos del
Organismo Internacional de Energía Atómica. Durante el años 2010 la
producción de electricidad de origen nuclear ha sido de 2.579,2 TWh, lo
que representa aproximadamente el 17% de la electricidad total
consumida en el mundo.
INFORMACIÓN
NUCLEAR POR PAÍSES
Reactores en operación, en
construcción, producción eléctrica y porcentaje de producción en los
diferentes países (Datos de 2010 Foro Nuclear)
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La
apuesta nuclear es, sin duda, generalizada. A los países emergentes,
que tienen que satisfacer la creciente demanda de electricidad, se unen
otros como Francia, el país de la Unión Europa más partidario de esta
fuente de energía y donde el 78% de su electricidad es de origen
nuclear. El país galo construye un reactor nuclear de nueva generación
(EPR) y acaba de anunciar la intención de comenzar la construcción de
uno nuevo en 2012. En Finlandia, el 30% de la electricidad proviene de
los cuatro reactores que tiene en operación. Actualmente construye una
nueva unidad y ya hay estudios que plantean la necesidad de una sexta.
Por su parte, Reino Unido, que cuenta con 19 reactores que producen
alrededor de una quinta parte de la electricidad, decidió en enero del
pasado año dar luz verde a la construcción de nuevas centrales
nucleares con dos objetivos básicos: frenar las emisiones contaminantes
y reducir la dependencia exterior.
Más
recientemente, y debido a la última crisis entre Rusia y Ucrania, que
dejó sin gas a varios países europeos, se ha vuelto a poner sobre la
mesa la preocupante dependencia energética de Europa y la necesidad de
diversificar las fuentes de energía, contemplando la energía nuclear
como alternativa. Titulares como “Las nucleares salvan a Francia” o
“Bulgaria se une a Lituania en su reivindicación de la energía nuclear”
han estado presentes en los medios de comunicación a comienzos de este
año y han recordado la contribución de las centrales nucleares a
disminuir la dependencia exterior y a garantizar el suministro
eléctrico.
Italia
y Polonia, que no tienen centrales nucleares plantearon, especialmente
a finales del pasado año, la necesidad de la energía nuclear motivada
por los altos precios de la electricidad, en el caso de Italia, y la
excesiva dependencia del carbón, en Polonia. Así, Italia firmó a
finales de febrero de 2009 un acuerdo con Francia para la construcción
de reactores nucleares en los próximos años. Por su parte, Suecia,
donde casi el 50% de su electricidad es de origen nuclear ha acordado
eliminar la prohibición de construir nuevos reactores nucleares
acordada por referéndum en 1980.
En
la actualidad, cada vez se alzan más voces a favor de la energía
nuclear. La amenaza del calentamiento global y del cambio climático,
unido al incremento de la demanda de electricidad y del precio de los
productos petrolíferos, ha motivado que distintos responsables
políticos consideren fundamental apostar por la continuidad de la
energía nuclear, por el aumento de potencia de sus centrales e incluso
por la construcción de nuevas plantas.
Los
programas nucleares de los diferentes países, así como todas las
instalaciones nucleares, se encuentran bajo la supervisión y control
del Organismo Internacional de Energía Atómica con sede en Viena (
www.iaea.org ).
Breve
historia nuclear
En la segunda mitad de la
década de los sesenta, Estados Unidos lanzó el primer programa nuclear
destinado a la generación de electricidad. Aunque cuatro años antes, el
Reino Unido inauguró Calder Hall, la primera central nuclear del mundo.
Poco después, otros países industrializados siguieron el ejemplo
llevando a cabo sus propios programas de construcción y explotación de
centrales nucleares. La estabilidad económica, el fuerte crecimiento de
la demanda eléctrica y sus prometedoras expectativas económicas fueron
el motor del desarrollo de esta fuente energética.
A
principios de los años setenta la crisis energética del petróleo
proporcionó el impulso definitivo a la energía nuclear dentro de los
planes energéticos de muchos países industrializados como Alemania,
Canadá, Italia y Japón. Destaca la fuerte apuesta por el desarrollo de
la energía nuclear que realizó Francia, abandonando los reactores de
grafito-gas por la tecnología americana de agua a presión. A su vez,
otros países como Méjico, Brasil, Taiwan y Corea se prepararon para
iniciar sus programas nucleares.
No
obstante, en la segunda mitad de la década de los setenta, hubo una
crisis económica que estabilizó la demanda eléctrica. Los costes de
inversión de las centrales nucleares en construcción se dispararon y
comenzó a surgir el movimiento antinuclear con impacto en la opinión
pública. La combinación de estos factores condicionó una fuerte
desaceleración de los programas nucleares, sobre todo en los países
donde esta fuente de energía estaba más desarrollada.
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